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Ahora lo dijo el mismísimo Premio Nobel de Economía 2003, Robert Engle.
Aumentar impuestos sería contraproducente.
Otros países han enfrentado esta situación disminuyendo los gravámenes para aumentar la productividad y crear empleos.
"En México hay muchas cosas más que se pueden hacer para impulsar la economía... no es el momento indicado para aumentar impuestos". Hay que flexibilizar y reducir las reglas para la creación de pequeñas empresas.
Por otra parte, el FMI reveló el resultado de su estudio de 88 crisis bancarias en los últimos 40 años. Su diagnóstico es que falta mucho para ver una recuperación real del crecimiento económico para una crisis como esta. Por lo menos, siete años.
A menos que se desaten las fuerzas de la inversión privada y la libre competencia en México, la recesión será mucho más profunda y permanente de lo que pensamos. En el noreste no vemos el conflicto ideológico irreductible que se ve en el centro del país sobre la necesidad de liberalizar profundamente la economía, como parte de una filosofía de respeto a la libertad. En el noreste podríamos salir más rápidamente de la crisis, si tuviéramos menos gobierno y más ciudadanía.
Roberto Medina, gobernador electo de Nuevo León, ha anunciado que reducirá significativamente el aparato burocrático estatal. Ojalá sea así. Ojalá que se decida por asociarse con la iniciativa privada, y dejar que la iniciativa privada haga más y mejor. No me refiero, por supuesto, a beneficiar y privilegiar a unos cuantos capitalistas. Me refiero a respetar las bases de una auténtica competencia. En este momento, Nuevo León está más dependiente que nunca. Su deuda, que asciende a más de la mitad de sus ingresos, y su debilidad para negociar una reforma en el federalismo fiscal, y por lo tanto para desligarse del modelo antiliberal del gobierno federal, reducen el margen de maniobra del gobierno estatal y su posibilidad de representar realmente a los ciudadanos nuevoleoneses.
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