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El Presidente Felipe Calderón, en un intento por sacar adelante su propuesta fiscal, llamó a los ciudadanos a ser solidarios con los pobres, y a demostrarlo apoyando su aumento en 2% al consumo.
Este me parece un llamado lastimero. Un llamado a sentir lástima y que, irónicamente, produce lástima hacia quien lo emite.
Aquí tenemos al gobierno, diciéndonos que no le alcanza el dinero para ayudar a los pobres. Que todos sus programas contra la pobreza, a pesar de no haber tenido impacto alguno, según estadísticas oficiales, para reducir la pobreza patrimonial y reducir la desigualdad, necesitan un voto de confianza. Y que este voto de confianza consiste en entregarle más impuestos al gobierno.
Se equivoca profundamente el Presidente. Yo simpatizo con él como persona, pero debo admitir que como presidente, haciendo tal llamado, se ve mal, muy mal, y da pena ajena.
Una cosa es llamar a depositar voluntariamente donativos en un fondo para los damnificados de un desastre natural, o de una discapacidad natural como en un Teletón.
Y otra cosa es llamar a aceptar una ley que nos imponga forzosamente el depósito de impuestos en Hacienda, para aliviar el problema de la pobreza en general. Problema que, evidentemente, nunca podrá solucionarse con programas asistencialistas, sino con creación de empleos y con educación de calidad.
Somos escépticos ante la idea de que el gobierno, ahora sí, usará bien el dinero para combatir la pobreza. Que ahora sí rendirá cuenta de cada peso, que ahora sí no lo usará para comprar conciencias y votos, y que una proporción significativa de los mexicanos podrá contar con los medios para valerse por sí mismos, levantarse y salir de su miseria.
Para caridad, confiamos más en las ONG, o en nuestro propio instinto. Y para generar empleos, confiamos más en las fuerzas naturales de la libre competencia y la iniciativa privada. Por lo tanto, ¿por qué habríamos que confiar en que este 2% al consumo alivie la pobreza?
La chica de la foto, que está donando voluntariamente una moneda a un adulto mayor en desventaja, ¿debería ser forzada a dársela? ¿Sería moral que un desconocido le abriera el bolso sin su permiso, se llevara sus monedas, desoyendo sus protestas, y la amenazara con enviarla a la cárcel acusándola de poco solidaria con los pobres? ¿Y si ese deconocido le dijera que representa a Hacienda? ¿Es la dádiva forzada una dádiva solidaria? ¿Acaso no es la libertad condición fundamental de la solidaridad?

Hoy en EL NORTE, un valiente e ingenioso ciudadano recomendaba al presidente en la sección de CARTAS AL NORTEun remedio infalible para salir del hoyo. Infalible porque es el método que usamos los ciudadanos a diario y por el que hemos conseguido sobrevivir: trabajar más y gastar menos, y gastar inteligentemente.
Hubiera sido más digno para el Presidente anunciar un adelgazamiento verdadero de su aparato burocrático.
Hubiera sido más digno, en todo caso, anunciar una lucha frontal contra la evasión de los impuestos que ya existen, en lugar de crear nuevos.
Y hubiera sido inteligente no aumentar el impuesto al ISR y dañar con ello la productividad justo cuando más lo necesitamos.
Pero no contamos con un gobierno digno, ni inteligente. Dicen que los gobiernos son espejo de sus ciudadanos. ¿Será?
En el noreste no estamos dispuestos a pasar a la historia como espejos de la indignidad y la pendejez. Proponemos construir un Estado libertario. Un Estado comprometido con mantener el juego limpio de las fuerzas del mercado, con la educación de calidad para todos y con la libertad como base de la genuina solidaridad.
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