|
|
Muchos nos preguntamos, a propósito del proyecto de una nueva patria, ¿qué sería de mi amor por la patria vieja? ¿Dónde quedaría el amor a México?
Entendiblemente, a veces la pregunta lleva un dejo de angustia.
Pero no hay nada por qué angustiarse. Y te ayudaré a que descubras por qué.
Cuando dices que amas a México ¿a qué te refieres?
Sólo tú puedes saberlo, pero déjame adivinar que te refieres a alguna de estas tres cosas:
Voy a proponerte que imagines algunas situaciones para comprender mejor estas formas de amar a México, y dejar que seas tú quien concluyas si hay motivos reales para angustiarse cuando decidimos construirnos una patria nueva a la cual amar.
Comencemos con el amor a la gente que consideramos nuestra.
Supón que tienes un amigo que decide emigrar a otro país, y desde ahí mantienes contacto frecuente con él. Con los años, él decide tomar la nacionalidad del país en que ahora reside. ¿Cambia eso tu afecto por tu amigo? Por supuesto que no. El afecto queda intacto. De hecho, puedes imaginar la misma situación al revés. Que tú seas el que emigre a otro país, que con el tiempo adquieras la ciudadanía de ese país. ¿Dejarían de quererte tus amigos?
Tú y yo amamos a las personas por lo que son, por lo que representan para nuestras vidas, no por su nacionalidad. Al final, ya como ciudadano de Sierramadre, tu amor por quienes decidan mantener la ciudadanía mexicana permanecerá intacto, y también el de ellos hacia ti.
Examinemos la segunda forma de amar a México: El amor a los lugares y paisajes.
Para ello imagínate lo siguiente:
Por razones de trabajo o de estudios, te vas a vivir dos años a Buenos Aires. Aprendes a amar su tango, sus barrios, su arquitectura, sus bifes, su cultura, y haces también buenos amigos. Cuando regresas a casa, te llevas a Buenos Aires en el corazón.
¿Qué es lo que sentirías meses después si un desastre natural, una inundación por ejemplo, asolara la ciudad porteña? ¿Te dolería más o menos que saber de un desastre semejante que asolara, por ejemplo, una ciudad costera del estado de Veracruz donde jamás has estado ni has cultivado amistades? A la hora de los afectos, poco importa si una ciudad estuviera en territorio mexicano y otra en territorio argentino. Te dolería más lo que ya has vuelto parte de ti.
Lo que te quiero decir es que lo tuyo, lo que verdaderamente es tuyo, es lo que amas. Como ciudadano de una Sierramadre próspera tendrás más oportunidades de disfrutar de las playas o montañas o maravillas del mundo entero y sentirlo tuyo. Todo lo bello siempre será tuyo…faltaba más!
Por último examinemos una tercera forma de amar a México. El amor a los símbolos.
Imagínate que un extranjero te pregunta a ti, como norestense, cómo construyes el altar de muertos en tu casa para el Primero de Noviembre. Le contestas que no acostumbras preparar altares, aunque todavía te acuerdas de qué se disfrazó tu sobrinito para Halloween. Luego te pregunta qué juguete le regalaste a tu sobrinito el Día de Reyes. Le contestas que nada, porque acostumbras regalar juguetes sólo en Navidad. Te pregunta por tu marca favorita de tequila y le contestas que sólo sabes de cerveza. Para este punto, tu interlocutor te pregunta si en verdad eres mexicano. Y le contestas que sí, que hay una enorme diversidad de mexicanos. Que hay, de hecho, mexicanos que no son devotos de la Virgen de Guadalupe, que no les gusta el fútbol, que prefieren el trigo sobre el maíz, que no toleran el picante, o que son vegetarianos, o rubios, o que no hablan español. Hay mexicanos, testigos de Jehová, que no saludan a la bandera. Yo creo que después de haber dicho todo esto, aún quedará en nuestro amigo extranjero una última duda: ¿Qué es, entonces, lo que hace mexicano a una persona?
Te voy a decir la neta: ser mexicano es una condición legal. No cultural. No de esencia ni carácter. No hay identidad que defina con precisión al mexicano, o al serramadrense, o al guatemalteco o al francés. La familia humana es una. Los estilos de vida, tan diversos y cambiantes como los individuos que la componen.
Si la nacionalidad es una condición legal, y no una colección de símbolos y tradiciones, ¿podemos elegir los símbolos que deseemos sin temor a perder o ganar una ciudadanía? La respuesta es sí. Puedes elegir. Puedes elegir venerar a la Guadalupana o a la Virgen del Chorrito, o a ambas, o a ninguna. Puedes elegir la tortilla de harina o la de maíz, o ambas, o ninguna. Puedes elegir Halloween o el Día de Muertos, o ambos, o ninguno.
Te invito, amigo, amiga, a amar a México tanto como quieras y puedas, sin tapujos ni dudas. Te invito a amar al mundo todo, tanto como quieras y puedas. Sierramadre no es una patria celosa. Sierramadre es el proyecto para quienes son capaces de imaginar más allá de los celos.
Categories: None